Rector Pinto inauguró el Año Académico 2013.

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17 May


Con la asistencia del pleno de autoridades unipersonales de la Universidad Tecnológica Metropolitana, el Rector Luis Pinto Faverio, inauguró el Año Académico 2013, el pasado jueves 16 de mayo. El Salón de Honor se repletó temprano. En primera fila se ubicaron los Miembros del H. Consejo Superior. A uno de los costados, Vicerrectores, Secretario General y Contralor Interno. Más atrás, los Decanos de las cinco facultades, Directores de Departamentos y Escuelas, como también, dirigentes de la Asociación de Académicos, de los Funcionarios Administrativos como también, de estudiantes.

En la mesa de honor, el Rector Luis Pinto Faverio, acompañado por la Vicerrectora Académica Marisol Durán Santis y por el Dr. Fernando Atrias Lemaitre, encargado de impartir la Clase Magistral, titulada “El Sentido de la Universidad Pública”.

“Llegamos a este significativo acto con la casa ordenada en lo financiero, en lo administrativo y en lo académico. Hace cuatro años, el sólo hecho de plantear esta afirmación, incluso con una perspectiva futurista, habría sido un atrevimiento que a más de alguien hubiese ofendido”, expresó la Primera Autoridad de la UTEM al iniciar sus palabras.

Luego agradeció la paciencia y comprensión de la comunidad universitaria, que supo entender las medidas reparatorias. Sin ellas no habría sido posible implementar aquellas acciones que hoy permiten mirar con gran optimismo el futuro de nuestra Universidad.

“Como dije, estamos en una posición mucho más robusta para sortear de manera exitosa el desafío de un nuevo proceso de Acreditación, el mismo que nos permitió recuperar la credibilidad que hoy dispone la institución. En cualquier caso, ello no puede llevarnos a una confianza desmedida”, insistió el Rector Pinto.

Agregó que desde su particular punto de vista, la Educación Chilena en general, y la Superior en particular, atraviesa una disyuntiva histórica que dependiendo de su resolución, determinará muy diferentes devenires en este ámbito.

Puntualizó en otro acápite de su discurso, que durante más de treinta años la óptica dominante impuso la concepción de que la educación era un servicio, que como cualquier otro, se podía transar en el mercado. Y la sociedad chilena, paulatinamente, asumió esto como un dogma. Se naturalizó la visión mercantil que se había abierto espacio en el debate chileno, manteniéndose hegemónica, incluso, después de la recuperación de la democracia.

“Hoy, sin miedo a caer en la liviandad o en el juicio satanizante, podemos volver a pensar y a plantearnos la educación como un derecho. Qué distinto es entender que ella permite la inclusión y la movilidad social. Entonces, el Estado tiene una responsabilidad ineludible, como garante de los derechos educativos de niños y jóvenes, así como también la tiene, para con aquellas instituciones que ha creado para proveer esta educación”, enfatizó la Primera Autoridad de la UTEM.

Clase Magistral

El abogado y Doctor de la Universidad de Edimburgo, Fernando Atria Lemaitre, fue el encargado de impartir la Clase Magistral “El Sentido de la Universidad Pública”, en esta ceremonia de Inauguración del Año Académico 2013.

Por casi cuarenta minutos, reflexionó respecto al sentido de la educación pública y el rol que juegan las universidades en el espectro de la enseñanza superior.

“Sin duda, existe una fecha, un hito, un momento que es posible establecer un antes y un después. Y ese acontecimiento lo situamos en 1980 cuando nuestro país adhiere al neoliberalismo o a la política de libre mercado”, especificó.

Según el Dr. Atria antes de ese año, el sentido de universidad sólo incluía el concepto de lo público, asociado al servicio de distribución del conocimiento generado, ya sea por la auto-reflexión, la observación sistemática o investigación empírica.

“En cambio, por estos días, el concepto de lo público se subtiende como un aspecto asociado a gratuidad, a un quehacer sin fines de lucro, cuando en la realidad tal concepto es mucho más grande y profundo. Va asociado al tipo de docencia y al carácter de generación del nuevo conocimiento”, especificó.

Entonces, según el catedrático, hoy es posible distinguir universidades privadas con sentido público, como las Universidad Católica, Austral o de Concepción. Y universidades privadas con sentido privado que imparten docencia como si el saber fuera algo dado disponible a ser comercializado.

“Esas universidades son fábricas de profesionales. Trasmiten lo que saben, lo que han recibido, lo que les ha sido dado. Sin embargo, el sentido de una universidad pública no va sólo en distribuir los conocimientos existentes. Está en entregar aquellos conocimientos extraídos de la propia gestación de ese nuevo conocimiento, siempre asociado a la investigación, a la observación, al estudio de la realidad social en que las personas están insertas”, añadió.

El Dr. Atria agregó que esta diferenciación ya permite distinguir entre universidades docentes y universidades investigativas o complejas. Pero aún estos conceptos quedan cortos en sentido literal. Es preciso señalar que los conocimientos a impartir deben tener un carácter público, un sentido social de beneficio a toda una sociedad que debe gozar de la libertad para decidir su rumbo o el camino necesario de seguir. De lo contrario sería segregación.

“Entonces, uno podría preguntarse por qué las universidades privadas, entonces, quisieron y abogaron por ingresar al mismo sistema de selección universitaria procurado por el Consejo de Rectores. La respuesta es lógica. Sencillamente, por un sentido de marketing. Por un interés de aproximarse lo más posible al sentido de universidad pública, porque ese sello les favorece a sus intereses. Entonces, bajo esta prerrogativa, las universidades privadas con sentido público, ¿deben servir a los intereses de las instituciones que las crearon?… Ciertamente, que tal realidad constituye un lastre por el cual luchan a diario a fin de desprenderse de él lo más posible”, dijo el académico.

El Dr. Fernando Atria Lemaitre concluyó su Clase Magistral abogando para que el Estado contribuya creando un marco legal lo suficientemente amplio como para que las universidades públicas puedan concretar la misión para la que fueron creadas. Es decir, construir la masa crítica que permita el avance y el progreso del país. Y no seguir manteniéndolas como empresas que deben competir con las reglas del mercado para cumplir el rol que la ciudadanía reclama para ellas.

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